Nuestro trabajo en cultura partió de una pregunta: Criar a los niños de una manera diferente a como estamos acostumbrados a hacerlo en nuestro mundo urbano moderno, guiados por pautas psicológicas, ¿produce una relación diferente de estos niños con su cuerpo (menos necesitados de cuidados y más fuertes ante el dolor) y con la madre? ¿Cuáles serían esas diferencias en la crianza?
En las visitas ocasionales de las madres (provenientes de pueblos lejanos), se encontraron igualmente diferencias, según su cultura de origen. Las madres de niños mestizos rodeaban al niño con cuidados corporales, cercanía física y conversación. Las madres afro, provenientes de la Costa Pacífica, conversaban entre ellas, no estaban pendientes de dar cuidados al niño, ni buscaban atenderlos o acompañarlos. Estas preguntas dieron lugar a dos estudios de campo sucesivos, en los años 1991 y 1992.
Inicialmente intentamos comparar esta situación para la misma etnia en dos contextos diferentes: rural y urbano. No se encontraron familias con miembros en ambos sectores, que nos permitieran hacer la comparación. Entonces, decidimos estudiar lo que había suscitado la pregunta, la diferencia en sí, y abandonar la idea de comparación.
Se inició un estudio de campo con población afro del río San Juan (Chocó). Un contexto tan diferente nos obligó a conocer primero las condiciones de vida de la población. El estudio se centró en la relación madre-bebé. Éste resaltó las diferencias con la crianza tradicional, pero no logramos entender el porqué de las diferencias. Aún nos sorprendían como “prácticas inadecuadas”: las madres no establecían contacto visual con sus bebés, ni les hablaban, aunque los tuvieran sobre su regazo muchas horas al día.
Se hizo un segundo estudio en la misma población con la misma pregunta. No obstante, esta vez hicimos cambios metodológicos y teóricos para lograr comprender un mundo que nos resultaba “otro”. Empezamos a usar el método etnográfico, observación en contexto de todas las situaciones e interacciones de vida de las familias y otros adultos. Retomamos las conversaciones in situ, en lugar de sólo entrevistas. Nos propusimos no recortar situaciones específicas, sino intentar conocer el conjunto – el mundo social y familiar en el que esos niños eran criados, la manera de ser hombre y mujer – para poder interpretar el sentido de las diversas prácticas y de la participación de los distintos agentes. La interpretación sólo es posible si se conoce la cultura en su conjunto.